no sé cómo sigue la historia. y eso me desespera. no, no me genera la maravillosa sensación de estar creando algo y no saber qué va a venir. No, ahora no. Me desespera como una mosca en el oído. Quiero saber qué va a pasar. Y eso sólo está en mi mente. Y por eso ahora me odio. Me desespera. Quiero salir. Quiero tirarme al sol y solo pensar en el calor que tengo. Quiero meter los pies en una fuente. Y después la cabeza y quedarme unos minutos así hasta salir azul y sentir el aire fresco que entra en mis pulmones ahogados. quiero revivir y para eso es necesario morir. quiero soñar otras cosas. otros finales. y sueño siempre el mismo. quiero engañarme y creerme feliz. no estoy tranquila. no sé por qué. me presiona la persiana. la subo. uf, ya está. era eso. solo subir la persiana y ver a través de la ventana el muro. el muro está ahí, es concreto. de concreto. entonces no hay que imaginarlo. qué placer. qué liviandad que todo esté así dado. pero dura unos momentos. después todo vuelve a flotar y tengo que ir agarrando cosas para poder sobrevivir. porque sino se escapan rápido. todo pasa rápido en este río. los peces, las algas, corren como si llegaran tarde a algún lado. pero todos los lados están acá, o allá o donde querramos. si quisiera llegar acá, ya lo hubiera logrado y todo sería mucho más fácil. pero no. la señorita quiere ir más allá. quiere saber el final de la historia ahora. no, chiquita, para eso vas a tener que sufrir mucho. horas de insomio, de exposición. porque crear es exponerse. y creer también. y tienen una sola letra de diferencia. pero volvamos al desierto de donde venimos. sí, ya sé, nadie entiende nada. pero vos te estás pinchando con un cactus y eso sí que lo entendés y muy bien. bueno, ya es hora. de levantarse. de romper las hojas. de borrón y cuenta nueva. Mozo, la cuenta!
martes, 6 de noviembre de 2007
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lunes, 5 de noviembre de 2007
algo viejo que vuelve
A medida que el tiempo pasa las cosas se resignifican. A veces pienso que ya no soy yo la que leyó La metamorfosis, (cualquier de las dos veces). A veces pienso que no me alcanzarían las horas del día para que todos mis yo puedan disfrutar de todo lo bello del mundo. Yo no soy ayer, y hoy, no leí tal libro, hoy no vi tal obra; fue otra, y en otra quedan las sensaciones, las imágenes; otra tuvo el placer, ese placer. Yo tengo otro. No mejor, ni peor. Otro. Sin embargo, no deja de resonar en mi mente la realidad infalible de que nunca somos los mismos. Cómo prometer entonces amor, más allá del día de hoy. Quién no cambia, muere. Y yo no quiero morir. Y cambio. Sin querer, a veces. La realidad me hace cambiar, lo que veo, lo que oigo, lo que vivo. Las personas que conozco, las que podría conocer, todo me hace ver las cosas de un modo diferente. Tal vez sea exagerado. Pero también esa soy yo. El cambio no es pervertir la esencia, aunque ésta tampoco sea inalterable. Nada es inalterable. Y eso duele. Y es un duelo constante. Acaso vivir sea eso, o al menos una visión un poco oscura diría que vimos en un constante duelo (que duele) por lo que ya no somos, ni nunca jamás seremos, ni viviremos, ni sentiremos. Cada momento es único, y en este punto me declaro existencialista. A partir de ahora. Eso es algo que cambió en mi esencia. Ya había dicho que no era inalterable. No sé qué más se modificará en mí o en mi entorno a partir de este cambio. Porque así como los demás me modifican, seguramente yo modifico a alguien. Sin quererlo, a una persona que pasó y posó sus ojos en los míos y vio algo. Y sí, ahora soy romántica. Soy muchas, soy todas y a la vez no soy nadie. Y esta redefinición del ser humano, me abruma, me exalta, me excita y me angustia.
Sin embargo, la elijo. Hoy, ahora; mañana no sé. Sólo quiero vivir cosas que me hagan feliz, que me llenen, que me hagan persona. Y esto no quiere decir cosas que me “hagan bien” o que sean buenas, como estuve tentada de escribir... no, son cosas que pasen, no más ni menos, incluso la desilusión y el desamor, son cosas increíbles de vivir. Y vivirlo así lo hace menos doloroso en un punto; cuando logramos verlo así. Yo ahora lo veo así. Este desamor que estoy viviendo, hoy. Y no ayer. Ayer era distinto. Lo vivía de otra manera, más dramáticamente. Y está bien también. Todo está bien. No. No sé por qué pero no creo eso. No todo está bien para mí. Y no es que juzgue otras formas de vida. Pero para mí no está bien todo.
Pero las cosas que pasaron de ayer a hoy, aunque más no sea haber dormido entre pilas de libros, en un lugar que no es el mío con sueños robados a la luz del día, eso ya me hace distinta de la de ayer. Entonces puedo mirar las cosas con otros ojos. Entonces puedo amar a la misma persona, o no. Y puedo y quiero permitirme eso. Con sus riesgos. En una persona como yo, tan inestable y sensible y pequeña y frágil. Y no. Y fuerte. Y segura. Y valiente. Entonces cuál soy yo. A veces me confundo a mí misma. Me engaño para poder seguir adelante. Aunque a veces pienso que no voy a poder seguir. Que en algún momento voy a decir: bueno, hasta acá llegué. Y voy a parar el motor. Y tal vez haya alguien que pueda y quiera hacerlo funcionar. O tal vez no y quede así varado, en medio de las ruinas, del polvo, del camino, tal vez para siempre. Y eso puede pasar mañana, o tal vez en una hora, o en años, o nunca. Y eso nadie lo sabe. Y eso es lo maravilloso de vivir, de estar vivos. De sentir la adrenalina en la piel. Sé que hay algunas cosas que me hacen sentir algo parecido a la felicidad. Aunque me cuesta entender que tal vez sea solo eso la felicidad. Una sumatoria de momentos. No un estado general (y en consecuencia, vago). Solo una sucesión de momentos entrecortados. Particulares y breves, a veces demasiado, y por eso hay que cuidarlos, aprovecharlos, vivirlos y guardarlos. Sí, guardarlos. Nunca está de más tener algo lindo para echar mano cuando nos sentimos vacíos y tristes y queremos salir de ese estado. Porque a veces no. A veces tenemos, tengo, ganas de revolcarme en el llanto, en la tristeza absoluta del ser - humano, de mi vida, de mis días, hundirme en el más hondo de los dolores y ver cómo salgo de eso, como un desafío, como una prueba más. Ver cómo mi alma se desintegra en cada lágrima, como se desmorona todo, todo negro, nada nada sólo llanto de angustia y ganas de quedarse ahí para siempre, en un rincón, sangrando, morir así, sin recuerdos, seca, seca y sola.
Pero no. Otras veces no. Quiero salir. Y lucho. Y me desgarro el alma que queda hecha jirones contra la almohada y mi mano se extiende y no toca a nadie, porque nadie me ve. Porque me escondo. Claro, para llorar, me escondo. Entonces nadie me ve que pido a gritos que me miren, que me escuchen. Y entonces o caigo rendida y la falta de fuerzas hacen que el llanto se agote (pero no la sensación de angustia, que pasa a ser una angustia espantosamente seca). O logro gritar tan fuerte que alguien me oye y acude. Y me sana. Me salva, me cobija. Porque por suerte hay gente con esa capacidad de salvarme; porque yo les di esa posibilidad. Hay que gente no quiere salvarse nunca. Y no te da esa posibilidad, y eso a mí me genera una impotencia horrible, pero hay que aceptar. Aceptar que tal vez no sea yo quien te pueda salvar, que tal vez no te quieras salvar. Es triste. Muy triste para mí, ver a alguien lindo, perderse en las neblinas de la depresión. Es infinitamente devastador. Nunca me había pasado. Y mierda, cómo me afecta. Tan solo hace un mes me encontré con su alma, o con su corazón o con su cuerpo o con todo al mismo tiempo y ya caí en la trampa tendida por mí misma. Qué estúpida. Y bueno, tal vez aprenda algo de esto. Creo que ya aprendí. Más bien, creo que cambié, que es la mejor forma de aprender. Si uno aprende sin cambiar, es inútil. Es como el conocimiento de enciclopedia, como estudiar de memoria: sirve para un momento y se esfuma. En cambio si incorporamos la vivencia, si eso se hace carne en nosotros, eso significa que salimos airosos del asunto, aunque tal vez con una herida más. Por pequeña que sea.
22 de febrero de 2006
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jueves, 1 de noviembre de 2007
el aburrimiento es feroz. es de noche. prendo un cigarrillo y miro mis dedos moverse entre el tabaco y el humo. ni siquiera el humo toma formas sorprendentes. me siento en el escalón de más arriba y miro hacia la puerta. no espero que venga nadie. es sólo para confirmar la salida. para saber que si quiero puedo irme. pero elijo quedarme.
tengo sed. busco un vaso y me sirvo agua. la tomo. despacio. siento como va atravezando mi lengua, mi garganta...pero en un punto la pierdo. ya no la siento. quizás haya calmado mi sed y entonces su existencia no tenga sentido. quizás ya no 'es' nada.
no sé. dejo de pensar en eso. apago el cigarrillo cuando todavía queda la mitad. en realidad no fumo. pero ciertas circunstancias me parece que necesitan de un poco de humo. como una ambientación. como una música de fondo.
sigo aburrida.
escribo. unas líneas. garabateo la hoja. pienso en qué podría hacer para no aburrirme. hojeo las páginas de un libro. no me atrae.
miro la puerta.
no viene.
no va a venir.
igual no lo espero.
y si viniera el aburrimiento seguiría presente como una sombra, como un reflejo. y sería peor porque tendría que fingir no aburrirme.
que no venga.
no.
bajo hasta el primer escalón. me siento. me saco las zapatillas y siento el pasto. está seco. hace días que no llueve. hay sol. y no parece que vaya a llover.
miro mis pies. flacos y blancos. me llevan a todos lados y sin embargo nunca los miro. durante mucho tiempo no los reconocí como míos. eran algo ajeno a mi cuerpo. ahora no, ahora son míos. sólo míos.
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jueves, 25 de octubre de 2007
una mañana
el calor se pega en la espalda
caos en el tránsito
caos en las palabras
un accidente
manchas de colores
la naturaleza es injusta
la solemnidad es redundancia
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domingo, 21 de octubre de 2007
Si tuviera un lunar al lado de la boca sonreiría sin piedad a los caminantes sin sombra. Mi lucha sería distinta. Mis ojos arderían en otros fuegos.
Pero el escape encontraría la misma salida. Y el vértigo al vacío seguiría empapelando las paredes concretas, de cal y arena.
Si aunque sea tuviera una verdad para revelar brillarían mis colmillos en otros cuellos, más blancos, más secos. Pero seguro derramarían, roja, la misma sangre.
Si al final son sólo excusas y solo importa lo importante.
¿Qué es entonces?
Qué es lo importante sino estás. Si no hay más arroz con azafrán, no hay más vueltas a la calesita, no hay más reír por reír, no hay pies descalzos en el auto. Sólo queda la ausencia y el silencio. De eso sí hay. De eso sí queda.
De lo demás qué hay, qué queda, qué importa?
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miércoles, 17 de octubre de 2007
entonces, las palabras estallan; Antígona en su rincón, con esquirlas de vocales entre sus dientes, toca el arpa guerrera de la memoria.
Esconde entre sus ropas un ángel desplumado, que hierve en aceites de llanto y sales de amapola.
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martes, 16 de octubre de 2007
más de La Hierba Roja
-Folavril... -dijo Lazuli.
-Saphir... -dijo Folavril.
Y se besaron de nuevo. La noche se acercaba. Los vio y se detuvo antes de llegar a ellos, para no molestarlos. Mejor sería que fuera a acompañar a Wolf, que regresaba en aquel momento. Al cabo de una hora, todo estaba a oscuras, menos un círculo de sol en el que había los ojos cerrados de Folavril y los besos de Lazuli, en medio del vapor que desprendían sus cuerpos. "
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domingo, 14 de octubre de 2007
para melosos
Hay un instante en el que no somos nada. Digo, entre nosotros, nada; sólo un cristal liso y transparente. Todavía no hay nada. Nada de esa formalidad insulsa, nada que nos encierre en la seguridad del sí rutinario. Dos abismos que se miran.
Darse vuelta corriendo, o muy lentamente, “echando una última mirada” y no verse nunca más. Podría pasar. Pero una llave gira. Y todavía por un segundo más o por algunos años somos dos desconocidos. Miedo, excitación, vértigo.
¿Serás alguien hoy entre mis brazos? ¿Serán tus besos insolentes los que se deslicen por mi piel? Quizás mi piel hoy no necesite de tu aliento. Y no lo sé hasta que la cercanía de tu perfume anuda un lazo, y trae un recuerdo; un recuerdo como lejano como de otras vidas.
Una unión de arenas, acuática, como de fuego. No alcanza el cuerpo y se cuela el alma. Intentamos llenarnos, asquearnos de miel y de canela. Mordemos manzanas hasta cansarnos. Pero nunca llega el fondo del abismo. Y luego, entonces sólo reposar siendo un poco más del otro. Siendo cabalgados por caballos negros que desafían al viento, al pulso, al tiempo.
Hay olvido, hay distancia, hay besos que ya nunca se van a dar. Ya hay todo eso y no hay nada. Hay vacío cada vez. Más hondo, más certero. Acaso el amor sea no llenarse nunca.
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viernes, 12 de octubre de 2007
siniestra

Muchas personas zurdas tienen dificultad para adaptarse a un mundo en donde todo está al revés, viendolo desde el punto de vista del zurdo"
Los zurdos procesan la información con "simultaneidad visual", modo en el que varios esquemas se procesan simultaneamente. Un efecto lateral de estos modos de procesar la información es que los diestros necesitan completar una tarea antes de empezar la siguiente. A los zurdos, en contraste, les conforta cruzar varias tareas, para lo que tienen mayor habilidad. Esto les hace aparecer (a la mayoría diestra) como si no terminasen nada. Alternativamente, los zurdos tienen una excelente habilidad multitarea, lo que quizá esté en el origen de las anécdotas que sugieren que son más creativos.
Cuántos sesiones me hubiera ahorrado si hubiera sabido que todo esto era por ser zurda nomás...en fin, internet me está quemando el cerebro.
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tu realismo
El surrealismo es el "rayo invisible" que nos permitirá un día triunfar sobre nuestros adversario. "No tiembles, adefesio". Este verano las rosas son azules; la madera es vidrio, la tierra envuelta en su verdor me impresiona tan poco como un aparecido. Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte. (André Breton)
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su realismo
"El color de las medias de una mujer no es forzosamente igual al de sus ojos, lo que ha hecho decir a un filósofo, cuyo nombre no vale la pena mecionar: 'Los cefalópodos tienen más motivos que los cuadúrpedo para odiar el progreso'"
Max Morise (sacado del Primer Manifiesto Surrealista, de André Breton)
Qué onda, eh?
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jueves, 11 de octubre de 2007
Osa Polar Zurda
Los osos polares son nómadas y, aunque ocasionalmente recorren grandes distancias, tienden a permanecer en la misma área. No defienden su territorio.
Los osos polares son solitarios, excepto en el caso de las hembras con crías o los adultos en busca de apareamiento.
Los osos polares nacen ciegos.
Los osos polares son zurdos.
2.500 personas al año mueren en accidente por usar herramientas hechas para gente derecha.
No sé, fijate.
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Monotemática
Retener. Memorizar. Eso quisiera. Todas las palabras de este libro. La Hierba roja. Boris Vian. Imposible no caer en sus garras. Mi vanidosa mano se desespera porque jamás brotarán de ella palabras, no, frases, no tampoco…eso, eso que se crea entre mis ojos y esa hoja (¿esa hierba?), que dice: Folavril, que dice Wolf, Lazuli, Lil, que dice tiempo, infancia, recuerdo, amor, que dice que ‘luchar no significa avanzar’ que dice…en fin, el libro todo es una gran sucesión de imágenes que explotan en la retina, que se desparraman inabarcables con una sola lectura. Cuando tenga valor, y sobre todo cuando tenga mi libro propio (se aceptan donaciones; odio no poder escribirlos!!) me sumergiré nuevamente en los suburbios de la razón, y hundiré mi nariz entre amores ausentes, recuerdos olvidables y playas secas.
Yo quisiera tomar las palabras por el cuello, y estrangular a Boris, mientras le digo: hijodeputa no podés escribir así, no podés humillar así al pobre papel con esas imágenes, que no puede contener.
Quiero ser como dice Wolf que son todas las mujeres: un color, un perfume y una música.
‘¿Hay alguien más solo que un héroe?’
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miércoles, 10 de octubre de 2007
fragmento de "La Hierba Roja" de Boris Vian.
“Monsieur Brul -dijo Wolf subrayando las palabras-, escuche lo que voy a contestarle. Escúcheme con atención. Sus estudios no son más que una broma. Es lo más fácil del mundo. Desde hace generaciones y generaciones, se intenta hacer creer a la gente que un ingeniero o un sabio son hombres de élite. Pues bien, yo me río; y nadie se llama a engaño, excepto los que pretenden formar parte de esa élite: Monsieur Brul, es más difícil aprender a boxear que aprender matemáticas. Sino, habría en las escuelas muchas más clases de boxeo que de aritmética. Es más difícil llegar a ser un buen nadador que escribir correctamente. Sino, habría muchos más entrenadores de natación que profesores de gramática. Todo el mundo puede ser bachiller, señor Brul, y, en efecto, hay muchos bachilleres, pero ¿cuántos de ellos son capaces de participar en una prueba de decatlón? Monsieur Brul, odio los estudios porque hay demasiados imbéciles que saben leer: pero ni estos imbéciles se equivocan, porque se pasan el día leyendo periódicos deportivos y glorificando a los héroes del estadio. Y más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente que devanarnos los sesos delante de un libro de historia. (…) El amor es una actividad física tan descuidada como las demás.
(…)
Ahora ya sabe qué opino de sus estudios. De su chochez. De su propaganda. De sus libros. De sus aulas que apestan y de los tontos de la clase que se pasan el día masturbándose. De sus lavabos llenos de mierda y de los alborotadores solapados, de los alumnos de la Escuela Normal, verdosos y gafados, de los del Politécnico, llenos de presunción, de los de la Central, almibarados de burguesía, de los médicos ladrones y de los jueces deshonestos…qué porquería…yo me quedo con un buen combate de boxeo…también está amañado, pero por lo menos es divertido.
-Es divertido sólo por contraste- dijo Monsieur Brul-. Si hubiera tantos boxeadores como estudiantes, al que llevaría en triunfo sería al vencedor de las oposiciones.
-Puede ser. Dijo Wolf, pero se ha preferido propagar la cultural intelectual. Tanto mejor para la cultura física…"
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jueves, 4 de octubre de 2007
Tengo una experiencia, una impresión absurda de qué hacer y cuándo. No quiero que se entienda. Que nadie entienda nada, eso quiero. A qué tanto entender mierda. Entienda que el rosa es rosa porque sus ojos se lo dicen que ama porque su corazón de lata late, porque su piel se funde con otra y no hay forma de despegarse. Entienda que si calla es porque no tiene nada para decir, que el silencio no incomoda si se lo sabe atravesar. Que la quietud es más penetrante que la incesante movilidad de los miembros.
Esto no es una metáfora, es un cuento, o el principio de una novela. O nada. O un vacío. Todo es vacío que se llena de la nada. O de amor o de soledad. Un cuerpo que vive intentando desplegar un poco de algo más en su alrededor. Algo más de magia, algo más de poseía. Un subte de caracoles hambrientos, una calle alfombrada de verde. Una utopía. Palabras que sienten que se huelen al fin entre el precipicio de mi mirada y el abismo de mi boca.
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martes, 2 de octubre de 2007
verborragia
El sonido de las campanas retumba en las paredes del fuerte. El grito del monje se oye como un eco ausente que se precipita por las angostas calles de tierra. Hay un niño que llora cubierto de pieles infalibles, recordando el momento de su nacimiento.
El mendigo llora a los pies del mártir y le ofrece grises néctares de ninfas marinas. El sabor dulce de la derrota embebe los labios y los adormece.
Presos de una religión inocua, insectos y deidades se mezclan en danzas alegres. Cantan versos brillosos que enceguecen a los caminantes desprevenidos.
Los cañones aún secos esperan la partida. Mientras algunos pequeños audaces lobos domesticados preparan una sopa que calmará su sed.
Desde el olimpo se distinguen cuernos de sapos olvidados en bibliotecas de serpientes. El dios del hiato se enfrenta con el minotauro. Nace así la metáfora.
Me sumerjo en el abismo de la palabra, un pozo ciego sin fin, ni quimeras. Hace frío en este pozo. Precisamos el fuego de la discordia para calentar este presagio de vida. Pronto llegará un sonido ensordecedor y las cenizas cubrirán los cuerpos. Eso dijo una muchacha mientras lavaba su ropa el borde el río.
A ella se acercó el monje y le dijo: “muchacha, tú que tienes el don del insomnio, ven y despierta mi encanto sobre las olas de esta incertidumbre”: Y ahí nomás la virgen despojóse de su vientre y se lo entregó envuelto en la espuma dulce del desconsuelo.
Septiembre 2007
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jueves, 20 de septiembre de 2007
Si pudiera describirte me quedaría callada. Si tus besos fueran nombrables te besaría para que mi boca no los nombre jamás. No digas nada. Nunca. De esto que nos pasa. No lo comentes con ningún amigo. Ni siquiera con tu espejo. No expongas a la miseria de las palabras, esta energía inefable, este huracán de instintos. No lo opaques con sílabas suntuosas. No soy única. No. Soy una en vos. Soy otra en otros. Callame, no me dejes seguir matando de a poco con estas líneas el deseo incontrolable de morder tu piel. Basta, besame, matame, no dejes que lo arruine todo, otra vez. Siempre, otra vez. Cada palabra que escribo es un deseo que muere. Callame, besame o matame.
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martes, 18 de septiembre de 2007
libro-pompeyo II
Lluvias. Zarpas. Respuestas. Cristales opacos entreabren la tierra de otro siglo. La raíz con olor a hierbas de una mujer andrajosa a la orilla de la tormenta nocturna, que amarillenta, por la danza del carbón, pide un país. La magia de cabelleras suntuosas y sopas de antaño, conmigo duermen libres gargantas y suspiran trenes que se alejan llanos. Silenciosos. Como parvas colinas ciegas, como playas de eucaliptos ásperas, maternales. Despedidas vertiginosas, estambres y corrientes. Sonrisas. Y quizás por esa puerta aparece más allá una tierra, un rocío, una noche.
Alas de burbujas suenan en el campo. Esponjas montañosas caían lentamente por los sueños.
Flores bellas que esperan que nazcan y no. Y nosotras que esperamos tendidas en la hierba, las grietas de una sonrisa mordida en la oratoria fosforescente de una pareja fugaz. Nosotras morenas, nosotras sin tierra, nosotras que partimos de a poquito los huesos y las venas azules. Que pensamos que hay hojas y plantaciones de cocodrilos que nos muerden las tripas y nos persiguen. Nos mienten. Nosotras que sabemos que allá, en la pulpería hay una piragua materna y un sol orgánico que nos revienta. Un sol que pide en el fondo más lejano de un estante. Y estamos heridas sin saber cómo un gato entra a la niebla y se agazapa lentamente mientras surge de aquel país. Acá el niño borrascoso nos ilumina y nos hace sentir una cierta decepción absurda del mañana que siempre surge.
Acá el niño borrascoso nos ilumina. Todos los huevos duermen sin sueño. Hay lágrimas pesadas fugaces a la orilla del mar.
Una garra sabe que el dios me defiende del brillo del pantano del niño infiel.
El niño sabe que mañana el viento hundirá en sus ropas un escorpión y sus dientes se separarán de sus encías y morderán las plantaciones. Quizás mi madre en un ronco sueño vive mezclando astrales ojos. Y sus estrellas piensan que absorben las venas borrascosas de hoy.
Pobrecito el niño con sus pepitas de oro, duerme bajo un largo grito. Duerme en otro siglo acusado de verdes nubes, inocentes son con una mano.
Yo viví en lugares como brazos, como lágrimas, como camas ausentes de sábanas. Yo como una ausencia, como una orgía de muerte me acordaba y me acuerdo de los tripulantes insaciables que como aves de rapiña, como fondos azuzado de poblaciones inmersas, duermen. Y el niño era aquel país. El niño del que hablo tiene mandíbulas negras de sangre, el niño arrastra enfermo un resplandor de sufrimientos.
Aquí un cielo ardiente ávido y virgen tornea sus cuerpos en formas que se escurren de una belleza extraña. Tan ruines y tan míseras son sus almendras, que a veces, no entiendo el idioma.
Puedo pensar que quiero sonreír en su pecho y flotar interrumpidamente por estrellas, por besos. Besos que los devastaban en un vino cruel.
Allá, el pasado. Hoy el niño borrascoso vive en una choza. Hoy, ahora, en este momento, una experiencia penetrante se casa con la muerte. Aspiro un funeral de recuerdos como círculo lentos, que surgen y amanecen despacio entre las estrellas aladas de terciopelo y de nácar.
En la tibia habitación en el país de los recuerdos se abren círculo en torno a sus tobillos. La lluvia, una porcelana insondable, una ciudad sin cabezas, hay cimas venenosas que ocultan en el centro un odio legendario. La tierra se halla dentro de los mundos a sangre viva. Dicen que los enormes zumbidos no ceden.
El niño que quiere nacer dentro de su bella dueña del mundo. Planetas cargados de deidades. Veranos, silencios pasados, hoy el niño no sabe qué es llorar. Recién nacido como una manzana hirviente con plumas, como un bandoneón sin tribunal. De la noche del sótano en los ojos de un pájaro húmedo. Puede brillar si encuentra una extraña mano que le sale de entre las venas.
No cedas, niño borrascoso, a tu fondo blanco, a tus fósforos que se mezclan con las lluvias. El asunto es la cicatriz.
Arde, el niño borrascoso aliado a la plegaria del rey. Porque el país donde llevan deidades salvajes y húmedas manzanas ondean músicas y objetos y recorren sus tobillos.
Aguas oscuras en mi memoria. Una vieja de terror vaga en la terraza del fuego.
La virtud de la ruta gime al padre olvidado del lugar. Bajo el mantel de la noche brilla el manto.
El niño borrascoso golpea inválidos atardeceres. Se torna indeleble como un murciélago.
Perdido en la noche, susurros de su sombra sexual, plantas de hospitales con olor a vino y a eucaliptos.
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libro-pompeyo
Mi alma era una niebla. Como un farol borrascoso entre tormentas nocturnas y países con escorpiones y ratas. Mi alma es un niño. Un niño en medio de una tormenta nocturna. Y cascos, cascos con sus amos delante de provincias amortajadas y pequeños testigos como epitafios más allá de las aguas que se escurren, de los meandros oscuros y profundos del retorno. Y murmullos levantados…
Mi alma es un pequeño testigo, un pálido testigo a la distancia, entre el rocío y la noche, entre la gruta y la piedra. Ahí está mi alma. Con una lámpara, sola, como un soplo de ternura. Vivo a la par de la música. Con mi alma, en una colina, yo mismo arriba de un caballo fangoso me dirigía hacia diálogos suspendidos en páramos que huyen entre frías aureolas. Oh, destino mío! Voz borrascosa, bajo piedras, más allá de tu imperio, una voz, una voz me musita y me murmura voces. Vos me murmurás pequeño testigo…cada instante veo tu rostro que me murmura. Me murmuran mujeres con arañas, mujeres con manos como arañas, con bocas como arañas, que recorren todo tu cuerpo. Vos con mi alma a la par de esa extensión absurda que son tus ojos. Tus ojos con pelos, como orugas, tus ojos hambrientos con telas de arañas. Que se meten despacito entre mis venas. Que se meten y esperan telas, esperan antiguos delantales de maestra. Esperando que yo llegue hasta tus brazos. Y te diga: tierra.Así es. Así es el Conservatorio Nacional de Músicos. Los músicos despiertan en mí ciertas capas de mi alma escondidas muy profundo con telas de arañas. Con ácaros y magnolias secas, en el fondo de una interminable provincia. Y sumida en la portezuela de los diálogos, las mujeres del Conservatorio Nacional, me refiero puntualmente a la primera línea de violines. Aquellas muchachas con horas exagües, con distancias moradas, con espaldas azuzadas, y humo. Humo y fatigas que ven pasar de nuevo en coches, algunos árboles bajo faroles, algunas poblaciones, algún pequeño niño. Y todo así. Así un montón. Todo un interminable bacanal. Un bacanal de escorpión, de vaca silvestre. Y el director con su silencio fosforescente, con su llama amortajada, con sus manoplas y sus canas secas.
Madre, madre, dónde dejaste mi cinta pegajosa. Donde está mi espalda ojeada, mi espalada de cristal, mis manos azules, mis manos trémulas con aroma a cuero. Mi manos, mamá, son negros frutos. Se sumergen en el vino de la vista y vos, nutriste ese diálogo…
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viernes, 14 de septiembre de 2007
Lo que veo es lo que no está. Veo una ausencia. La ausencia de un vestido rosa detrás de la ventana. La necesidad de congelar esa visión me llevó a abrir la puerta, atravesar el patio y pararme justo enfrente de la ausencia del vestido. Sentir su aroma a bergamota, oír su sonido a río manso.
Ir hacia el vacío. Entre esos dos agujeros negros. El aire insonoro me aísla.
Ojo de tormenta. Boca de avalancha.
Vendrán a buscarme. Tendrán muchas manos y una sola salida. Me tomarán por los hombros me guiarán sin violencia y yo me dejaré llevar porque jamás pude resistirme a ir hacia mi propio fin. Oiré algunos pasos, pero no pediré ayuda. Yo también voy a poder -al fin- entregarme. Y ya no sentiré culpa. Nunca más.
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